Esperanto Magazine

La desmayada de Arequipa Lucia Corrochano ’26 Mi abuela se demora en sentarse. Una vez que logra un objetivo antes tan fácil, suspira. Me mira con ojos cansados pero alegres y me interroga con las típicas. Respondo arbitrariamente con un ‘muy bien’ o ‘¡sí!’ a cualquier cosa que no entienda o me dé pereza escuchar. Repito estas mismas afirmaciones positivas sobre mi vida escolar y social cuando inevitablemente me lo pregunta. Siguiendo la rutina, mi papá entra justo a tiempo, cortando el comienzo de un silencio incómodo. Le cuenta a mi abuela que se encontró a Fulano en Quiénsabe y a Mengana en la esquina. Veo cómo la reacción lenta del recuerdo ilumina la cara de mi abuela como un foco iluminando la corona de su cabeza, poco a poco, cuando se le ocurre alguna anécdota que no se acuerda de ya habernos contado el domingo pasado y otras diecisiete veces más. Es solo cuestión de cuál, será de uno de los miles de tíos Migueles en la familia, sus aventuras en Europa, o la de su perro que se quedó en la playa… - ¿Te he contado la historia del esqueleto en Arequipa? Esta me encanta. - ¿Tú sabes que esta es historia de tu abuelo, digo, bisabuelo, Pipo, no? ¿Te la habrá contado tu papá? -dijo mi abuela- Segura lo habrás escuchado. Le sigo la corriente. Digo que no, meneando la cabeza. Continuó su historia: - Bueno, te lo cuento. Eran los comienzos del siglo veinte, en Arequipa. No había luz eléctrica. ¿Te imaginas? ¿Qué harías tú sin tus redes? Imaginate no solo ni redes pero sin luz. ¡Luz! Se va por las ramas. Se divierte respondiendo la pregunta, ¿Qué haría yo sin mis redes? Entre otras cosas, sugiere salir a caminar, pero no le falta recalcar que Lima no es la misma de antes: - Mucho ‘choro’ ahora, ¿no? Yo salía en bicicleta por la Costa Verde con mis hermanos y no nos pasaba nada. Era más limpio, más seguro… 29

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